Síndrome de la amapola alta. Envidia
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La envidia: ¿Cómo utilizarla a tu favor?

¿Quién no ha sentido envidia alguna vez? Vamos a hablar aquí de esta emoción social tan mal vista. Utilizo el término «emoción social» porque no es una emoción primaria como la ira o la tristeza. Se trata de una emoción que aprendemos cuando crecemos.

 

¿Por qué hablar de la envidia?

Esta emoción está muy extendida y puede llegar a causar estragos en la vida de los que la sienten pero también de los que son objetos de envidia. Escribí, hace poco, unos posts en Instagram sobre dos síndromes que tienen la envidia como protagonista.

Uno de los posts trata del Síndrome de Solomón:

https://www.instagram.com/p/CRV1L9zFAV-/?utm_source=ig_web_copy_link

En él te cuento como muchas de nosotras preferimos quedarnos en la sombra, no mostrar nuestros talentos o capacidades del todo para que no se molesten los demás. Porque sabemos que podríamos ser el blanco de críticas e incluso ataques por parte de esas personas que podrían sentir envidia. Lo cual resulta en una enorme pérdida de talentos para el mundo.

En el segundo post te hablo del Síndrome de la amapola alta:

https://www.instagram.com/p/CSJUw2zjuzF/?utm_source=ig_web_copy_link

A la amapola más alta, se le corta la cabeza. Así de radical. Esto hace referencia a que, en la sociedad, cuando alguien consigue una meta importante o consigue algo que a nosotros nos gustaría tener, por culpa de la envidia…vamos a empezar a criticarle, soltar rumores sobre él o ella. En algunos casos, puede ir hasta el acoso o la agresión.

En los dos casos vemos como la envidia puede paralizar el progreso, hacernos sentir el miedo a no encajar, esconder talentos que el resto del mundo necesita.

 

La envidia. ¿Un monstruo?

Es una verdad incómoda de la cual se habla poco. Todas la hemos sentido alguna vez aunque seguramente no con el mismo nivel de intensidad. Para ciertas personas es realmente una emoción que les «pudre» la vida haciéndolas sufrir enormemente.

En los países anglosajones la llaman también: «The green-eyed monster» o el montruo de ojos verdes que, literalmente, ataca a las personas. Creo que no necesita comentario.

En nuestra sociedad, parece que tener éxito esté mal visto. Hablo aquí de países como Francia y España que son los que mejor conozco. Por eso, nos vemos tentados de mantener un perfil bajo, quitarnos mérito o no hablar de ciertos logros para no incomodar a los demás.

 

¿Qué es la envidia?

La Real Academia la define como «el deseo de algo que no se posee.»  Eso nos provoca tristeza y desdicha. Ocurre cuando nos comparamos con otros (⚠ Redes Sociales) y nos damos cuenta de que alguien tiene algo que nos gustaría tener. ¡Ta chán!  Sale el monstruo y le sigue el sentimiento de inferioridad porque ponemos el foco en lo que no tenemos. Solo vemos nuestras carencias.

¿Cómo sigue? Pues que, al sentirme mal, busco un culpable. ¡Obviamente no voy a ser yo! 🙄 Es más fácil culpar a la persona que posee lo que deseo. Empezarán entonces las críticas, los rumores y hasta las agresiones verbales o físicas en algunos casos.

Cuando sentimos envidia, estamos viendo nuestras carencias y nuestras frustraciones. Es doloroso pero nos puede ser muy valioso si la aceptamos y sabemos utilizar esta emoción a nuestro favor.

 

¿ Qué hago con mi envidia?

La reconozco.

No es nada fácil. Solemos vincular el sentir envidia con ser malas personas. Entonces creo que podemos tomar perspectiva. Es humano sentirla y no nos convierte en malas personas. Solo somos malas personas cuando dañamos a otros por no saber gestionar nuestro monstruo de ojos verdes.

 

Aprendo a verla como una brújula.

Podemos aprender a hacernos las preguntas adecuadas en vez de culpar al otro. ¿Qué envidio realmente? ¿El coche, la casa, los seguidores, la silueta, la fama…? O ¿El estatus que da el coche, la casa etc.? ¿Cómo puedo yo conseguir lo que anhelo? Aunque sea poco a poco. Porque no nos engañemos: las cosas no llegan así porque sí. Detrás de los logros, hay trabajo, esfuerzo, disciplina.

La envidia me habla, me dice lo que quiero, lo que deseo. ¡Eso es muy bueno! Cuando sé lo que quiero, puedo ponerme manos a la obra y actuar para conseguirlo.

. ¿Qué puedo hacer para conseguirlo y qué puedo cambiar?

. ¿Qué es lo que tengo que aprender y quién me puede ayudar?

Lo que admiramos de los demás, lo podemos cultivar en nosotras mismas. La envidia destruye pero la admiración construye. Podemos escoger cómo nos afecta la envidia. Ella es un indicador de lo que quiero para mí y me propulsa, si quiero, a una versión mejor de mí misma.

 

Tu envidia como brújula
Tu envidia como brújula

¿Y luego, Qué?

Nos tocará salir de nuestra zona de confort y actuar. Tener libertad de horarios, un coche deportivo o vivir como nómadas digitales no viene solo. Seguramente tengamos que plantearnos un plan de acción y atrevernos a hacer cosas que no hemos hecho nunca. Esto también se llama crecer. Mi envidia me ofrece oportunidades de crecimiento personal. Quedarse parada, envidiando a los demás y tragando bilis, es la mejor manera de ver como baja nuestra autoestima, nuestro bienestar y nuestra salud.

Para mí, hay otro paso que nos puede ayudar a gestionar la envidia. Es practicar la gratitud. En vez de focalizarnos sobre el exterior y nuestras carencias, empecemos a mirar hacia dentro y lo que sí tenemos. Empieza a dar las gracias a la Vida, al Universo o a Dios (según tus preferencias) por todo lo que ya tienes y eres. Aprende a valorarte a ti y a las personas y cosas que tienes en tu vida.

 

Los logros de los demás no te impiden brillar. Hay sitio para todos. Para encontrar tu sitio y lo que deseas, lo primero, es que, tú, creas que tienes derecho ese sitio y que eres merecedora de lo que deseas. Luego, solo es esfuerzo para conseguirlo. 😉

 

¿Has sufrido alguna vez el síndrome de Solomón? ¿Has sufrido por la envidia (propia o de los demás)? Te leo en comentarios. Me encantaría saber sobre tu experiencia.

 

Y ya sabes, como coach te acompaño para que reconectes con tu brújula y consigas una vida a tu medida. Contáctame en:  https://chrystelcoach.com/

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